La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es un lepidóptero específico de los bosques de coníferas europeos que suele ser considerado plaga de forma sistemática sin importar su población o efecto sobre el medio. Esto nos parece un grave error que puede derivar en impactos medioambientales peores que los producidos por esta especie que lleva coexistiendo con los pinos de nuestros bosques desde mucho antes de que apareciera el primer homínido.

Consideramos plaga la aparición descontrolada de algún organismo en número suficiente como para producir un efecto negativo en la producción agrícola o forestal, es decir, daños económicos significativos. Esta aparición repentina suele derivar de alteraciones producidas previamente en el medio, bien de origen antrópico como la reducción de la biodiversidad (creación de monocultivos, destrucción de hábitats, alteración de la cadena trófica con pesticidas que eliminan depredadores…) o bien de origen natural como factores climáticos (calor, lluvia…).
Es cierto que en entorno urbano las orugas de la procesionaria pueden ser molestas o peligrosas, pues al tener capacidad urticante pueden provocar sarpullidos en niños o asfixia en mascotas que se las lleven a la boca, lo que debe evitarse mediante la extracción manual de los bolsones, colgando trampas de feromonas para adultos, o aplicando piretrinas o Bacillus thuringiensis específico para lepidópteros. (insecticida natural sin los riesgos de los inhibidores de quitina* y otros pesticidas químicos, de los que se debe huir, ¿Quién quiere venenos peligrosos en parques, colegios y zonas habitadas.?)
Como anécdota, recuerdo cuando de niño jugaba con las enormes hileras de procesionaria construyéndoles puentes para que pasaran por encima, con precaución de no tocarlas pues mi abuela me advirtió bien de que «escocían» si entraban en contacto con la piel, la verdad es que nunca me pasó nada a pesar del riesgo, muchas veces basta con un poco de información y vigilancia. Pero, ¿Qué ocurre cuando aparece en entornos naturales? ¿Es realmente tan negativa como para invertir millones en venenos y tratamientos? ¿Es proporcional la alarma social que provoca? la mayoría de veces no.

«procesión» de Thaumetopoea pityocampa

                                                              

– Las polillas y larvas de la procesionaria forman parte del bosque mediterráneo, han evolucionado junto a nuestras coníferas y nuestras coníferas lo han hecho junto a la procesionaria, los pinos están perfectamente adaptados a ser atacados por plagas endémicas y en ningún caso pueden causar la muerte del árbol a no ser que se unan otras agresiones (debilidad causada por una fuerte sequía, otras plagas o enfermedades…). De todas formas, la muerte de un pino en el bosque es algo natural y necesario para que otras muchas especies puedan desarrollarse, en los bosques también deben haber árboles viejos, tumbados, muertos, descompuestos… esto añade riqueza al medio y multiplica la biodiversidad.

– Nuestros bosques están formados por pinos, encinas, alcornoques, algarrobos, acebuches, fresnos y muchas más variedades de árboles, arbustos y plantas. A día de hoy en la mayoría de nuestros ignorados montes sólo vemos pinos como resultado de las repoblaciones hechas (mal) en las últimas décadas, esto provoca que sean ecosistemas desequilibrados y ya sabemos que los monocultivos favorecen la aparición de plagas.

– La procesionaria forma parte de la cadena trófica, de hecho es de los pocos seres capaces de alimentarse de las acículas de los pinos, transformándolas en ricas proteínas que aprovecharán sus depredadores y en excrementos que nutrirán el pobre suelo de los pinares. Los adultos (polillas) servirán de alimento para murciélagos, golondrinas, salamanquesas… los huevos nutrirán microavispas endoparásitas, grillos, hormigas… las larvas (las orugas) serán presa de carboneros, herrerillos, cucos, urracas, críalos, cuervos, gran variedad de dípteros… y las crisálidas serán buscadas por lirones careto y abubillas que las desenterrarán y devorarán. Nos dejamos muchas, pero sirve para hacerse una idea de cuántas bocas alimenta la procesionaria en el bosque mediterráneo y las consecuencias que tendría sobre todas estas especies una fumigación tóxica.

*(los pesticidas inhibidores de la quitina, el equivalente a nuestra queratina de la piel y pelo, solían ser los más empleados en fumigaciones forestales y afectan a todos los insectos, estando entre ellos los principales controladores naturales de procesionaria, que como depredadores que son, se recuperarán poblacionalmente de forma mucho más lenta que su alimento, es decir, la propia «plaga», lo que empeora a largo plazo la situación).

Parus major, depredador natural de la procesionaria

Thyreonotus corsicus, un grillo de patorral que depreda sobre las puestas y larvas de la procesionaria.

Abubilla (Upupa epops), depredador capaz de encontrar las pupas enterradas de las procesionarias.

Murciélago de cabrera (Pipistrellus pygmaeus). Muchas especies de quirópteros se alimentan de los adultos de la procesionaria (polillas nocturnas. )

                   

– Podríamos decir que los depredadores o insectívoros de los bosques son el equivalente a nuestras  «defensas» inmunológicas, un bosque mediterráneo sin insectos parasitoides, murciélagos, carboneros o abubillas es un bosque enfermo, sin capacidad para afrontar o amortiguar apariciones concretas de especies «dañinas». La mayoría de estos animales controladores de plagas necesitan árboles maduros, viejos o muertos para criar, con orificios, hendiduras, ramas huecas, nidos abandonados de otras especies como los pícidos o roedores. El problema es que en los bosques «nuevos» repoblados a base de pino no encuentran estos lugares donde reproducirse y su presencia es mucho menor, siendo consecuencia directa de la sobrepoblación puntual de insectos como la procesionaria,

Las plagas forestales incontroladas son un indicativo claro de que algo va mal, y empleando pesticidas peligrosos empeoramos la salud del enfermo a la larga. Es importante, antes de actuar, buscar el origen del problema y sobre todo entender el problema. Podemos actuar a corto plazo matando procesionarias e intoxicando el monte o hacerlo a medio y largo plazo mejorando la biodiversidad, es decir, replantando especies autóctonas de árboles y arbustos (no únicamente pinos, pero ojo, que los pinos también son autóctonos y necesarios) y aplicando medidas correctoras que permitan a las especies insectívoras trogloditas asentarse, como la instalación de cajas nido hasta que el bosque alcance el grado de diversidad y madurez necesario.

Thaumetopoea pityocampa

Crisálida, pupa y adulto.
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Toni Rubio,
lagranjadebitxos@gmail.com

www.lagranjadebitxos.com

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